No es falta de fe.
No es falta de intención.
Es falta de estructura.
Cada año dices que este será diferente.
Pero sin un sistema claro, repites el mismo patrón.
Un día te esfuerzas.
Otro día lo dejas pasar.
Improvisas cuánto leer.
Improvisas cómo organizar tu día.
Improvisas incluso lo que dices que es importante.
Y luego te sorprende que nada cambie.
La motivación no te va a salvar.
La emoción no construye identidad.
Lo que transforma es la dirección.
Sin dirección, Ramadán se convierte en 30 días de buenas intenciones.
Con dirección, se convierte en un punto de inflexión.